“Numerosas comunidades, especialmente rurales, enfrentan necesidades que ellas mismas no pueden afrontar, pese a los enormes y admirables esfuerzos que realizan para recaudar los recursos que les permitan resolverlas. (…) Muchas veces se necesitan salones para reuniones, complementar las pequeñas capillas con un velatorio, lugares para acoger a tantos hermanos y hermanas que buscan cobijo: inmigrantes, personas vulnerables por la droga, alcoholismo y otros problemas. En estos casos, los recursos locales suelen ser insuficientes y la solidaridad de los hermanos (…), a través de la Fundación Alemana para el Desarrollo, hace posible complementar los esfuerzos de las comunidades y los aportes locales, para llegar a realizar obras como la Casa de la Mujer, en un sector altamente vulnerable de la ciudad de Rancagua o el salón para reuniones de la comunidad en Coinco; entre varias otras.”
